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Listos para el Maratón Guadalupe–Reyes

  • ballado98
  • 16 dic 2025
  • 2 Min. de lectura


El famoso Maratón Guadalupe–Reyes no solo es una temporada de celebración; es también un periodo que combina factores psicológicos y nutricionales capaces de modificar de manera importante la salud emocional. Durante estos 26 días, la cultura mexicana invita a convivir, comer, beber, desvelarse y romper la rutina. Y aunque esto puede sentirse festivo, desde la psiconutrición se entiende que esta “libertad decembrina” altera los procesos mentales y metabólicos que sostienen nuestro bienestar.

 

En esta época, el cuerpo y la mente entran en un estado donde las emociones, el entorno social y los alimentos se influyen mutuamente. La comida deja de ser solo alimento y se convierte en un elemento emocional, simbólico y social… y ahí es donde comienza el impacto real.

 

El significado emocional de la comida durante Guadalupe–Reyes

 

En psiconutrición sabemos que la comida tiene una carga afectiva. No comemos únicamente por hambre física, sino por:

 

  • nostalgia

  • pertenencia

  • estrés

  • celebración

  • conexión social

 

Durante Guadalupe–Reyes todo esto se intensifica. Platillos como bacalao, romeritos, tamales, pozole, ensaladas dulces y rosca tienen un trasfondo cultural que activa memorias y emociones. No es solo “antojo”, es un estímulo emocional.

 

Cuando el cerebro recibe estos alimentos ricos en carbohidratos simples y grasas, se libera dopamina y se experimenta una sensación temporal de bienestar. Por eso esta temporada tiende a generar una relación emocional con la comida más intensa de lo habitual.

 

 La combinación entre emociones y metabolismo

 

En diciembre el estado emocional suele ser más vulnerable debido a la disminución de luz solar, el cansancio acumulado del año y la presión social. Esa vulnerabilidad emocional activa mecanismos como:

 

  • Hambre emocional, cuando se come para calmar una emoción

  • Ingesta impulsiva, cuando el sistema límbico domina sobre la función ejecutiva

  • Comer por imitación social, cuando se replica lo que otros consumen para “encajar”

  • Desconexión corporal, cuando se come sin notar saciedad


Este desajuste emocional–metabólico genera alteraciones como inflamación, variaciones de energía, cambios en el sueño y fluctuaciones de ánimo que muchas personas interpretan como “exceso navideño”, cuando en realidad es una respuesta psicobiológica.

 

Fatiga emocional y neuroquímica

 

Las celebraciones continuas, la convivencia obligada, los horarios alterados y la sobreestimulación emocional provocan un desgaste que modifica la producción de neurotransmisores. Durante el Maratón Guadalupe–Reyes suelen disminuir o desequilibrarse.

Cuando estos sistemas se alteran, aparecen irritabilidad, ansiedad, tristeza, hambre emocional, baja tolerancia al estrés y sensación de desorden interno.

La comida, entonces, se convierte en una vía rápida de regulación emocional, aunque no siempre saludable.

 

Más que una temporada de excesos, el Guadalupe–Reyes es un periodo donde se cruzan cultura, emociones, neuroquímica, comida y convivencia. Entenderlo desde la psiconutrición nos permite vivirlo sin culpa, sin autocastigo y con una lectura más humana de nuestras decisiones.

 

No se trata de dejar de disfrutar, sino de aprender a hacerlo desde una relación sana con la comida, con el cuerpo y con nuestras emociones.

El bienestar emocional también se construye en diciembre… y se sigue cuidando en enero.

 
 
 

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